Manifiesto
Me gusta ese sol casi naranja de permanencias,
La lluvia tibia en
mitad de enero,
La luna cobriza desde
mi cama y
Una noche cálida entre
tus brazos…
Amo el viento norte,
seco, salado y polvoriento…
Las mañanas lentas, las
noches negras y estrelladas…
Me halagan las caricias
sinceras, los besos robados, las miradas furtivas…
Me encanta la cama
recién tendida que huele a descanso, la cama revuelta que huele a amor…
Disfruto el café
calentito y dulce, tus manos rozando mi espalda,
La poesía de Borges,
los cuentos de Cortazar, redondillas de Sor Juana,
Las ocurrencias del
Quijote, la filosofía de los dichos populares
Y por sobre todas las
cosas…
Mi casa en penumbra con
Chopin de fondo, el fuego en la hoguera
y
El champagne helado.
Detesto la guerra, la
muerte vana, aunque a veces mis versos coqueteen con
Ella…
Odio la traición, la
ignorancia obligada, el hambre, el abandono…
Niego el miedo, aunque
me acose, el dolor de haber perdido un anhelo,
Rechazo la desidia, la
inoperancia, el chantaje vil y el resentimiento injustificado.
Anhelo una vida serena,
Una mañana
transparente,
Mis hijos creciendo en
la inocencia tenue que permiten los años actuales.
Deseo madrugadas
habilitadas para el amor,
Jazmines en el jardín
de invierno, un reloj de arena roto que no marque más el tiempo y mi sangre
corriendo por las venas sin perezas…
Busco la calle vacía,
una cruz a mi medida, una oración inacabada pero perfecta…
Todo esto para
manifestar que vivo,
Que deseo, que anhelo,
que odio, que busco, al mismo tiempo que cierro mis
Rutina absurda,
Mas absurda que la
muerte quieta.
